Andando por la calle de las primaveras se ve su dorado vestido que tiñe el asfalto de oro.
Entre los pinos a sus costados, con sus verdes agujas, florecillas amarillas acarician las ultimas horas de los gélidos vientos de invierno.
Vivaz el colorín que con lo que queda de su traje verde, viste con porte digno de la corte, sus rojas flores que surcan el techo de las avenidas.
Allá en otra esquina los fresnos, que visten su verde más vivo, ya es no advertencia; el frío se ha ido.
Antes que el cielo lo decidiera, la tierra lo despide, con su mejor gala y sobre la cálida pasarela de los vientos del ecuador despide los helados días.
Días largos, de abrigos y bufandas, de amores de café y chocolate calientes, de los abrigos y las bufandas.
Se va valiente el invierno, llega la primavera la gala en los arboles, en las calles, en las banquetas; en los corazones.
Allá en el cielo ya se ve clarito el amarillo de las reinas que vienen para embellecer los bosques de oyamel; está aquí la primavera tan de cerca que los glaciares de mí corazón lagrimean, dejando entre ver la belleza que ocultaron durante el invierno.
Bienvenida seas.
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