"Estoy rodeado de gente bonita..."
Era el ultimo viernes de clases y yo deprimido y tirado en mi habitación; el cuarto inundado de alcohol y las latas de cerveza rodando a diestra y siniestra, solo con mi dolor.
Vacío, sin corazón, lo peor entre lo peor, terrible, odioso, llorón, asesino... algunos de los adjetivos que a primera mitad de año ya condecoraban mi reputación. Lo dejé todo a la suerte y me encerré en asfixiante cajón de cuatro muros que ardiente, ahogaba mi penar, mi llanto transformado en cantos de "Bunbury", "Los Daniels", "Los Claxons" y algunos muchos más que como guardianes siempre acompañan mis peores momentos, este no fue la excepción.
Aquel día descubrí cuanta gente bonita seguía mi corazón, cuanta estaba ahí de pie para sujetar mi mano y decir, "mañana también saldrá el sol", el alcoholo gritaba en mis entrañas vacías y sofocaba mis gritos en eructos despreciables de aroma alcohólico,
Yo juraba en mi dolor que nadie estaría ahí cuando yo cayera, mis ojos empapados de lágrimas y el dolor transpirando por mi piel.
Pero de pie frente y a mis lados mi ejercito de amigos abrazándome, tirando de mis manos para salir de aquella copa a la que accidentalmente llegue y de la que no tuve fuerza para salir.
Con estruendoso eco gritando a mis oídos, espantando mis demonios y sacudiéndome las migajas de perdición del pan del fracaso que voluntariamente había comido.
Los amigos, son la familia que uno elige, es el lugar donde uno perfecciona todo lo que aprendió. Es el ejercito al que agradecer cuando uno no tiene, no puede, o es débil para hacerlo solo.
Son la vida que nosostros decidimos invertir para trascender en sus corazones.