"Victoria llego del norte".
Miraba por el pasillo de la universidad, como perdida en el abismo, como abandonando alguna esperanza, como nerviosa, como mujer enamorada; dispersa.
La encontré entre la multitud y me perdí en su misteriosa atmósfera, esa sensación de lanzarme de un helicóptero me acompaño desde ese momento hasta que le dije suavecito al oído que la amaría siempre.
Victoria se llamaba ella, repetía el curso de matemáticas I, en mi misma clase. De ojos amielados, cabellos teñidos de amarillo brillante, chinos y alborotados, sus labios eran una perfecta mezcla de anchura y delgadez, su dentadura perfecta nos ahogaba en la idea de cuanto sufrió cargando unos insoportables brackets, su figura era perfecta; no era delgada como los asfixiantes modelos que ha generado la sociedad actual, era de un cuerpo fuerte, robusto. Único.
Entonces me enamore de ella, un adulto joven, aprendiendo a soñar, me enamore en ese momento y me perdí para siempre cuando accidentalmente la pise, me miro y me dijo bruto, balbuseante me disculpe y se giro como si el universo no la mereciera, como si ella hiciera la naturaleza y la naturaleza me dijera, no eres apto para su amor. camino tan segura de si hasta el profesor le saludo y se sentó justo enfrente de él.
No perdí la esperanza, era el día 1, aun podía enmendar mis errores... o empeorarlos.
La clase procedió a presentarse; uno a uno todos los chicos del grupo se presentaron y de vez en cuando podía ver que Victoria era atraída por una u otra historia de los participantes. Fui creando mi presentación en mi mente, no quería tropezar mi lengua otra vez, y llego su turno se levanto con tanta elegancia que la misma reina estaría sorprendida de aquel ingeniero en desarrollo. Victoria 21 años, de ascendencia Italiana y Española era una mezcla perfecta de lo mejor de esas razas. Repetía el curso por culpa de un malentendido con su papeleo de ingreso, no quería otra cosa que ser la mejor ingeniero de toda la generación y dejó bien claro que ella no trabajaría con alguien que para ella fuera inferior intelectualmente (engreída, pensé) y se sentó. Cuando me levante a dos filas de distancia pude ver como me miraba con cierto despreció para ella haberla atropellado ya representaba una falta de coordinación motriz de mi parte y ciertamente mi historia ni siquiera había llamado su atención, ella no dejaba de garabatear sobre su libreta y yo llore por dentro, como un cobarde por no poder decirle que me prestara atención, que era bueno, que me gustaba, que me mirara.
No pude ese día atraer a la que vino del norte.
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